Lo cierto es que me daba miedo. Me daba miedo olvidarlo todo y volver a empezar. Me daba miedo dejar atrás aquello que había construido poquito a poquito. Pero, ¿qué alternativa tenía si no? Lo había dado todo y a cambio, no es que no hubiera recibido nada, es que me había pagado con la cara opuesta, con la que duele. Había hecho desaparecer mi mundo, y yo, ciega, no me había dado cuenta. Mejor dicho, si me había dado cuenta, pero no hice nada para impedirlo.
Eras un droga que me debilitaba poco a poco, y me hacía más vulnerable. Una maldita droga. Asquerosa. Dolías. Y me apartabas de mi vida. De mi mundo. Y, al fin, me he dado cuenta. Y ahora vas a otro brazo al que pinchar.
Otra tarde más aquí. Llueve. Hay nubes. Hace sol. Miro por la ventana, coches, gente corriendo, y alucinados que hacen fotos como si en su vida hubiesen visto una gota de agua. Mientras, yo aquí, meriendo y busco un método para entretener las horas que quedan día. Nadie sabe como deseo que termine esta semana, empezar la que viene, en otro lugar. Salir, despejarme. Olvidarme de todo. Bueno, de todo no. No sé que me pasa, porque me encuentro de este modo tan raro y triste. Si realmente, tengo todo para ser feliz. Supongo que será estos cambios tan bruscos de clima.
Me pasaré la tarde esperando a que salga el arcoiris. Me encantan demasiado desde que alguien me dijo que le buscara en él.
Marina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario