Dicen que si algo cuesta es porque al final lo conseguirás. Que luchando y luchando se alcanza todo. Risa me da a mí eso. La mayoría de las veces lo único que consigues cansarte, cansarte por fuera y quemarte por dentro. Acabar marchitada y destrozada sin fuerzas ni ganas para nada.
Siempre hablan de los soñadores, los que luchan por lo que quieren y al final todo les sale tal como lo planearon. Triunfadores, todos los admiran. Al parecer, yo no tengo esa habilidad. Cuanto más lucho, más alejada estoy de conseguir lo que anhelo. Será lo que tiene. Una perdedora. Una perdedora que es capaz de vender su alma a cambio de nada, que puede insistir e insistir aún sabiendo que lo único que hace es destrozarse por dentro. Destrozar su vida una y otra vez.
Destrozada por intentar que fuese yo la causa de sus sonrisas y sus ganas de empezar cada día de nuevo. Destrozada por desear que desease despertarse cada día a mi lado con besos. Destrozada por imaginar que acabaría a mi lado.
Destrozada por ilusa, porque es lo que soy, y ella lo sabe, y yo lo sé. Una ilusa que no ha visto nunca que todo estaba fuera de sus probabilidades.
ilusa.
imbécil.
estúpida.
miércoles, 28 de agosto de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
No hago más que equivocarme de camino y perderme por los infinitos laberintos a propósito para encontrarte. Y tú, que de vez en cuando asomas la cabeza, sonríes, y vuelves a esconderla para mirar hacia otra parte. He encontrado miles de puertas abiertas a mundos de luz y tranquilidad y las he cerrado de un portazo esperando alcanzar tu llave. Y aún sin fuerzas y sin esperanza, aquí sigo, porque un perdido no puede hacer otra cosa que buscar alguna pista, alguna señal que le haga creer.
Y un perdido en desesperación se vuelve adicto a lo que no tiene. Y ser adicto a una droga tan limitada te mata por dentro y destruye todo hasta dejarte con nada.
Y un perdido en desesperación se vuelve adicto a lo que no tiene. Y ser adicto a una droga tan limitada te mata por dentro y destruye todo hasta dejarte con nada.
lunes, 4 de febrero de 2013
.
No hay nada más peligroso y a la vez frágil que un corazón frustrado, un corazón que no puede tener aquello que ansía es como las noches eternas que con impaciencia deseas que se acaben. La rabia e impotencia se apoderan de un cuerpo que no puede hacer más que resignarse, acatar con sumisión que hay cosas inalcanzables, que por mucho que lo intente no podrán pertenecerle. ¿Y si el corazón no quiere aceptar el fracaso? Porque el mío prefiere perseguir una eternidad a sus deseos más fuertes aunque jamás llegue ni a rozarlos que olvidar y darlos por imposibles, porque tampoco se ve capaz de buscar otra meta, otro objetivo más fácil de alcanzar, y el dolor no hace sino que fortalecerlo, darle motivos para continuar aunque cada vez sea más difícil, más improbable..
Y tal vez sean señas de masoquismo, pero duele más renunciar que intentarlo una y otra vez, aunque sea un ridículo sinsentido que no me conduce más que a la absoluta perdición, de mi cuerpo y de mi alma.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)