lunes, 18 de febrero de 2013

No hago más que equivocarme de camino y perderme por los infinitos laberintos a propósito para encontrarte. Y tú, que de vez en cuando asomas la cabeza, sonríes, y vuelves a esconderla para mirar hacia otra parte. He encontrado miles de puertas abiertas a mundos de luz y tranquilidad y las he cerrado de un portazo esperando alcanzar tu llave. Y aún sin fuerzas y sin esperanza, aquí sigo, porque un perdido no puede hacer otra cosa que buscar alguna pista, alguna señal que le haga creer.

Y un perdido en desesperación se vuelve adicto a lo que no tiene. Y ser adicto a una droga tan limitada te mata por dentro y destruye todo hasta dejarte con nada.

lunes, 4 de febrero de 2013

.

No hay nada más peligroso y a la vez frágil que un corazón frustrado, un corazón que no puede tener aquello que ansía es como las noches eternas que con impaciencia deseas que se acaben. La rabia e impotencia se apoderan de un cuerpo que no puede hacer más que resignarse, acatar con sumisión que hay cosas inalcanzables, que por mucho que lo intente no podrán pertenecerle. ¿Y si el corazón no quiere aceptar el fracaso? Porque el mío prefiere perseguir una eternidad a sus deseos más fuertes aunque jamás llegue ni a rozarlos que olvidar y darlos por imposibles, porque tampoco se ve capaz de buscar otra meta, otro objetivo más fácil de alcanzar, y el dolor no hace sino que fortalecerlo, darle motivos para continuar aunque cada vez sea más difícil, más improbable..

Y tal vez sean señas de masoquismo, pero duele más renunciar que intentarlo una y otra vez, aunque sea un ridículo sinsentido que no me conduce más que a la absoluta perdición, de mi cuerpo y de mi alma.